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Ni lo que diga un experto, ni lo que diga la mayoría ¿qué debo creer en ciencia?

Un dilema que surge muy a menudo entre las personas, especialmente aquellas que no se dedican a hacer ciencia es ¿qué es verdad y qué es mentira en la ciencia? ¿debo creerle a lo que diga un experto aunque entre ellos se contradigan a veces? ¿Le creo a lo que diga la mayoría? La decisión no es tan sencilla y puede  causar confusión, para poder tomar una decisión hay que entender primero cada una de las opciones que tenemos.

¿Tiene validez lo que diga un experto?

Una persona con un título académico en algún área de la ciencia tiene muchísimas más probabilidades de dar una opinión mejor informada sobre un tema de su área en comparación con una persona sin estudios especializados. Generalmente en los medios de comunicación leemos noticias en donde se consulta a expertos en un área de investigación; sin embargo, muchas veces la opinión del experto citado no representa la generalidad de opiniones de otros expertos, o peor aún, el “experto” se deja llevar por creencias personales y prejuicios antes que analizar la evidencia. Tal es el caso, por ejemplo, de Luc Montagnier, un premio Nobel en medicina, quien ha declarado ser defensor de la homeopatía a pesar de la enorme cantidad de estudios que niegan su efectividad. Como ejemplo más local tenemos a la Dra. María Elena Álvarez-Buylla Roces, próxima dirigente de CONAHCyT, quien se ha declarado abiertamente anti-transgénicos a pesar de que la evidencia sustenta la seguridad de este tipo de cultivos. Estos son sólo algunos casos en las que a pesar de que la persona tiene estudios en un área particular, no queda exenta de tener prejuicios y dejarse llevar por lo que quieren creer en lugar de en aquello que tiene mejores bases. Esto no quiere decir que sea una generalidad, la mejor manera de evitarlo es analizar toda la evidencia en su conjunto y analizarla.

Si la opinión de un experto no representa la opinión de todos ¿debo creerle a lo que diga la mayoría?

El que muchas personas opinen de manera similar (aunque sean expertos) no quiere decir que algo sea verdad. Sin embargo, en la ciencia existe algo llamado Consenso científico, esto es un acuerdo común que tienen los científicos sobre una idea o un punto en específico. Por ejemplo, la mayoría de los científicos está de acuerdo en que el calentamiento global existe y que está ocasionado en gran parte por  las acciones del hombre; también existe consenso sobre la teoría de la evolución o el núcleo externo e interno caliente de la Tierra. Esto no quiere decir que la ciencia se base en votos o en lo que diga la mayoría, pero sí que representa aquellas ideas u opiniones mejor sustentadas por la evidencia disponible o por un marco teórico sólido, y que, por lo tanto, convencen o satisfacen a la mayoría de los expertos en un área. Por supuesto que existen teorías alternas como la del interior hueco de la tierra o el creacionismo, sin embargo, estas teorías carecen de rigor y no tienen bases o estas son poco sólidas.

Los consensos no son fijos a través del tiempo. Por ejemplo, en la antigüedad el consenso científico era que el Sol giraba alrededor de la Tierra, pero posteriormente se aportó la evidencia necesaria para sustentar que el Sol era el centro de nuestro sistema solar y que los planetas giran a su alrededor. Actualmente los consensos toman en cuenta las contribuciones y la evidencia generada por científicos de todo el mundo, además de que no están tan sesgadas por presiones culturales y religiosas como antaño (aunque algunas siguen presentes, tales como la experimentación en humanos), por lo que cada vez es más difícil que un paradigma sea cambiado. Por otro lado, un cambio de paradigmas no es un proceso que se dé de la noche a la mañana, ni mucho menos con el trabajo de una sola persona. Un cambio en un consenso proviene  de la suma de pequeñas contribuciones de investigadores de todo el mundo: cuando la evidencia es tan fuerte que supera por mucho a la del consenso anterior es cuando ocurre un cambio de paradigmas.

Algunos charlatanes se martirizan al mencionar que los científicos son personas tercas a quienes no les gusta cambiar de paradigmas, sin embargo, en la mayoría de los casos los paradigmas propuestos por estos charlatanes no tienen bases sólidas y por lo tanto no deben ser tomadas en cuenta.

¿Existen conflictos de intereses en la ciencia?

A menudo se dice  que los científicos “están comprados” o corrompidos por empresas transnacionales, y que éstas pagan gran parte de los estudios científicos. Si bien es cierto que algunas empresas invierten en diferentes líneas de investigación, cuando los resultados de tales líneas se publican en una revista científica los autores del estudio deben declarar el origen de los fondos monetarios del mismo, los intereses particulares de cada autor y si éstos podrían empañar la objetividad en el diseño experimental, la recolección de datos o la interpretación de los mismos. Para poder realizar una afirmación, por ejemplo, acerca de la efectividad de un medicamento, se deben proveer las bases, metodologías y datos suficientes que permitan asegurar tales afirmaciones., Cuando esto no sucede, la comunidad científica que lee y analiza el artículo publicado puede  identificar la manipulación de los datos o notar cuando los métodos no son adecuados, así como denunciar públicamente la manipulación de la información o las interpretaciones equivocadas de los datos publicados. En contraste, existen estudios de instituciones o investigadores que se ha encontrado culpables de manipulación y falseo de datos para sustentar una idea. Tal es el caso de Séralini, un científico francés que manipuló un estudio que “probaba que los transgénicos causaban tumores en ratas”.  Después de la publicación del artículo de Séralini se descubrió que el estudio adolecía de un mal diseño experimental, es decir, que utilizó metodologías incorrectas, pues usó una variedad, o línea, de ratas propensas a desarrollar tumores. Adicionalmente, el tratamiento estadístico no fue el correcto y la evidencia proporcionada en el artículo resultó insuficiente para respaldar a las conclusiones propuestas en el mismo. Estas, entre otras razones, son la causa por la cual el estudio fue retractado y desmentido. Estos ejemplos permiten concluir que  tanto la investigación financiada con fondos de empresas privadas, así como los científicos cegados por ideas preconcebidas, son propensos a caer en mala praxis; por ello, es necesario hacer revisiones minuciosas de cada artículo que se publica para verificar que sea imparcial y que las conclusiones están soportadas por evidencia sólida y comprobable.

¿Entonces?

Esto nos deja aún con la pregunta inicial ¿entonces a quién le creo? La respuesta sería: “A quien presente la mejor evidencia, entendida esta como la más sólida y fuerte”. Si bien para alguien que no se dedique formalmente a la investigación puede resultar difícil debido al lenguaje técnico de los artículos científicos y al acceso limitado a algunas publicaciones, tomar el partido del consenso en general es una buena opción, ya que hasta el momento es la opción que mejores pruebas ha aportado y que convence a la gran mayoría de expertos en el tema (mil cabezas piensan más que una). Sin embargo, se debe mantener en mente que los consensos no son inmutables y que, en algún momento, este puede cambiar si se a presentan pruebas lo suficientemente fuertes.

Por otro lado, existen temas  que siguen en debate o para los cualeses muy difícil ofrecer  una respuesta única, por ejemplo el caso del consumo de café, pues mientras algunos estudios aseguran que es benéfico, otros aseguran que es dañino. En estos temas es difícil tener un consenso ya que no existe una respuesta clara o única, tal vez con el tiempo se llegue a determinar cuál es la dosis recomendada o ideal para aprovechar sus efectos benéficos sin padecer sus efectos adversos, en estos casos donde no hay una respuesta única es necesario ser cuidadosos con las afirmaciones que se hacen en algunos artículos, especialmente con los periodísticos, los cuales suelen ofrecer un punto de vista tajante sin considerar que son temas de debate abierto y en proceso de investigación.

Finalmente recomendamos como siempre, una exhaustiva revisión bibliográfica y evitar los prejuicios, así como evitar discriminar la información sólo porque se opone a aquello que deseamos creer.

referencias.

1 Séralini, G. E., Clair, E., Mesnage, R., Gress, S., Defarge, N., Malatesta, M., ... & De Vendômois, J. S. (2012). RETRACTED: Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize.


DR Miguel Díaz de León 2018

Modificado por última vez en Lunes, 22 Octubre 2018 18:50

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