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Declaración de posicionamiento sobre el envejecimiento humano

En el siglo pasado, una combinación de campañas exitosas de salud pública, cambios en los entornos de vida y avances médicos han llevado a un aumento dramático en la esperanza de vida humana. Las largas vidas que experimenta un número sin precedente de personas en los países desarrollados son un triunfo del ingenio humano.

Este logro notable ha producido cambios económicos, políticos y sociales positivos y negativos. Si bien hay razones para ser optimistas en cuanto al progreso continuo en salud pública y la contribución de las ciencias biomédicas a vidas más largas y sanas en el futuro, también ha surgido una tendencia perturbadora y potencialmente peligrosa en los últimos años. Ha habido un resurgimiento y proliferación de proveedores de servicios de salud y empresarios que promueven productos antienvejecimiento y cambios en el estilo de vida que, según afirman, demorarán, detendrán o revertirán los procesos de envejecimiento.

Aunque en la mayoría de los casos hay poca o ninguna base científica para estas afirmaciones[1]m el público está gastando grandes sumas de dinero en estos productos y cambios de estilo de vida, algunos de los cuales pueden ser perjudiciales[2]. Los científicos están contribuyendo involuntariamente a la proliferación de estos productos anti-edad pseudocientíficos, al no participar en el diálogo público sobre la ciencia genuina de la investigación del envejecimiento. El propósito de este documento es advertir al público sobre el uso de intervenciones anti-edad ineficaces y potencialmente dañinas, y proporcionar una declaración de consenso, breve pero fidedigna, de 51 científicos internacionalmente reconocidos en la especialidad sobre lo que sabemos y no sabemos de la intervención en el envejecimiento humano. Lo que sigue es una lista de temas relacionados con el envejecimiento que son prominentes tanto en la literatura popular como científica, junto con las declaraciones de consenso sobre estos temas, surgidas de los debates y discusiones entre los 51 científicos asociados con este documento.

Duración de vida

La duración de vida se define como la edad observada en el momento de la muerte de un individuo; la esperanza de vida máxima es la edad más alta documentada en el momento de la muerte de una especie. De vez en cuando se nos habla de una nueva edad más alta documentada en el momento de la muerte, como en el célebre caso de Madame Jeanne Calment de Francia, que murió a la edad de 122 años[3]. Aunque una edad tan avanzada en el momento de la muerte es extremadamente rara, la esperanza de vida máxima de los seres humanos ha seguido aumentando porque los récords mundiales de longevidad pueden moverse en una sola dirección: hacia arriba. Sin embargo, a pesar de esta tendencia, es casi seguro que, al menos desde la historia registrada, las personas podrían haber vivido tanto como quienes viven hoy en día si hubieran contado con tecnologías, estilos de vida y tamaños de población similares. No son las personas las que han cambiado, sino los entornos protegidos en los que vivimos y los avances logrados en las ciencias biomédicas y otras instituciones humanas los que han permitido que más personas alcancen o se acerquen más a su potencial de vida útil [4]. Los registros de longevidad son entretenidos, pero tienen poco relevancia para nuestras propias vidas porque la diversidad genética, ambiental y de estilo de vida [5] garantiza que una mayoría abrumadora de la población morirá mucho antes de alcanzar la edad de la persona más longeva.

Esperanza de vida

La esperanza de vida en los seres humanos es el número promedio de años de vida restantes para las personas de una edad determinada, suponiendo que todos experimentarán durante el resto de sus vidas, el riesgo de muerte según la tabla de vida actual. Para los recién nacidos en Estados Unidos hoy en día, la esperanza de vida es de aproximadamente 77 años. La rápida disminución en la mortalidad de bebés, infantil, materna y tardía durante el siglo XX llevó a un aumento sin precedentes de 30 años en la esperanza de vida humana al nacer, en contraste con los 47 años que se tenían en los países desarrollados en 1900. Repetir esta hazaña durante la vida de las personas vivas hoy en día es poco probable. La mayoría de los avances previos en la esperanza de vida al nacer reflejan declinaciones dramáticas en los riesgos de mortalidad en la infancia y en la vida adulta temprana. Debido a que los jóvenes se pueden salvar solo una vez y debido a que estos riesgos están ahora tan cerca de cero, las mejoras adicionales, incluso si ocurrieran, tendrían poco efecto en la esperanza de vida.[7-9] Las ganancias futuras en la esperanza de vida, por lo tanto, requerirán agregar décadas de vida a personas que ya han sobrevivido siete décadas o más. Incluso con la disminución brusca de la mortalidad en edades medias y mayores con respecto a los actuales, es poco probable que la esperanza de vida al nacer supere los 90 años (hombres y mujeres combinados) en el siglo XXI, sin avances científicos que permitan la modificación de los procesos fundamentales del envejecimiento[10]. De hecho, incluso eliminando todas las causas de muerte relacionadas con el envejecimiento que actualmente se escriben en los certificados de defunción de las personas mayores, la esperanza de vida humana no aumentará  más de 15 años. Para superar este límite, se deberán modificar los procesos subyacentes de envejecimiento que aumentan la vulnerabilidad a todas las causas comunes de muerte.

Inmortalidad

Ni siquiera eliminar todas las causas de muerte relacionadas con el envejecimiento[11] que actualmente se escriben en los certificados de defunción haría  inmortales a los humanos[12]. Los accidentes, homicidios, suicidios y los procesos biológicos del envejecimiento seguirían cobrando su precio. La posibilidad de que los humanos vivan eternamente es tan improbable como siempre, y las discusiones sobre un escenario imposible no tienen cabida en un discurso científico.

Medicina geriátrica versus envejecimiento

La medicina geriátrica es una especialidad de importancia crítica en un mundo en el que el envejecimiento de la población ya es una realidad demográfica en muchos países y una certeza futura en otros. Los avances pasados ​​y anticipados en la medicina geriátrica continuarán salvando vidas y ayudando a manejar las enfermedades degenerativas asociadas con el envejecimiento[13-14], pero estas intervenciones solo influyen en las manifestaciones del envejecimiento, no en el envejecimiento en sí mismo. Actualmente no existe el conocimiento biomédico requerido para modificar los procesos de envejecimiento que conducen a las patologías asociadas con la edad que enfrentan los geriatras. Mientras no comprendamos mejor los procesos de envejecimiento y descubramos cómo manipularlos, estas fuerzas intrínsecas y actualmente inmutables continuarán conduciendo a pérdidas cada vez mayores en la capacidad fisiológica y a la muerte, incluso si las enfermedades asociadas con la edad se eliminan por completo[15-20].

Medicina anti-edad

Los defensores de lo que se conoce como medicina anti-edad afirman que ya es posible reducir, detener o revertir el envejecimiento a través de las intervenciones médicas y científicas existentes [21-26]. Declaraciones de este tipo se han hecho durante miles de años[27], y son tan falsas hoy como lo fueron en el pasado[28-31]. Las medidas preventivas constituyen una parte importante de la salud pública; la medicina geriátrica, el cumplimiento cuidadoso de los consejos sobre nutrición, ejercicio y tabaquismo pueden aumentar las posibilidades de llevar una vida larga y saludable, aunque los cambios en el estilo de vida basados ​​en estas precauciones no afecten los procesos de envejecimiento[32-33]. Sin embargo, las afirmaciones más dramáticas de quienes defienden la medicina antiedad en forma de medicamentos específicos, cocteles de vitaminas o mezclas de hormonas esotéricas no están respaldadas por evidencia científica, y es difícil evitar la conclusión de que son intencionalmente falsas, engañosas o exageradas por razones comerciales [34]. La comercialización engañosa y la aceptación pública de la medicina anti-edad no solo es un desperdicio del presupuesto para la salud; también ha hecho mucho más difícil informar al público acerca de investigaciones científicas legítimas sobre el envejecimiento y las enfermedades.[35] Las intervenciones médicas para enfermedades relacionadas con la edad producen un aumento en la esperanza de vida, pero ninguna ha demostrado modificar los procesos subyacentes de envejecimiento. El uso de cosméticos, la cirugía estética, los tintes para el cabello y otras medidas similares para encubrir las manifestaciones del envejecimiento pueden ser eficaces para enmascarar los cambios de edad, pero no retardan, detienen ni revierten el envejecimiento. En la actualidad no existen las llamadas intervenciones anti-edad.

 La teoría científicamente respetada sobre el envejecimiento por los radicales libres [36] sirve de base para el papel prominente de los antioxidantes en el movimiento anti-edad. La afirmación de que ingerir suplementos que contienen antioxidantes puede influir en el envejecimiento se usa a menudo para vender formulaciones anti-edad. La lógica utilizada por sus defensores refleja un malentendido de cómo las células detectan y reparan el daño causado por los radicales libres y el importante papel que desempeñan los mismos en los procesos fisiológicos normales, como la respuesta inmune y la comunicación celular.[37-39] Sin embargo, hay pocas dudas de que ingerir frutas y verduras (que contienen antioxidantes) puede reducir el riesgo de contraer diversas enfermedades asociadas con la edad, como el cáncer,[40] las enfermedades cardiacas,[41,42] la degeneración macular y las cataratas.[43-44] En la actualidad, hay relativamente poca evidencia en estudios con humanos de que los suplementos con antioxidantes reducen el riesgo de estas afecciones o la tasa de envejecimiento, pero existen varios ensayos aleatorios en curso que abordan el posible papel de los suplementos en un rango de condiciones relacionadas con la edad,[45-49] cuyos resultados se conocerán en los próximos años. Mientras tanto, los posibles efectos adversos de los suplementos de dosis única, como el betacaroteno,[50] advierten sobre su uso indiscriminado. Por ende, los suplementos antioxidantes pueden tener algunos beneficios para la salud de algunas personas, pero hasta ahora no hay evidencia científica que justifique la afirmación de que tienen efecto en el envejecimiento humano.[51-52]

Telómeros

Los telómeros, la secuencia repetida que se encuentra en los extremos de los cromosomas, se acortan en muchas células humanas normales con un aumento de las divisiones celulares. Estadísticamente, las personas mayores tienen telómeros más cortos en la piel y las células sanguíneas que las personas más jóvenes[53,54]. Sin embargo, en el reino animal, las especies longevas a menudo tienen telómeros más cortos que las especies longevas, lo que indica que la longitud de los telómeros probablemente no determina la duración de la vida.[55-57] Evidencia científica sólida ha demostrado que la longitud de los telómeros desempeña un papel en la determinación de la vida celular útil en fibroblastos humanos normales y algunos otros tipos de células normales[58]. Sin embargo, aumentar el número de veces que una célula puede dividirse, puede predisponer a las células a la formación de tumores.[59-60] Por lo tanto, aunque el acortamiento de los telómeros puede jugar un papel en la limitación de la vida celular, no hay evidencia de que tenga un papel en la determinación de la longevidad humana.

Hormonas

En ensayos clínicos se ha demostrado que varias hormonas, entre ellas la hormona del crecimiento, la testosterona, el estrógeno y la progesterona, mejoran algunos de los cambios fisiológicos asociados con el envejecimiento humano[61-62]. Bajo supervisión médica cuidadosa, algunos suplementos hormonales pueden ser beneficiosos para la salud de algunas personas. Sin embargo, no se ha demostrado que ninguna hormona disminuya, detenga o revierta el envejecimiento. Ya se han observado casos de efectos secundarios negativos asociados con algunos de estos productos, y estudios recientes en animales sugieren que el uso de la hormona del crecimiento podría tener un efecto de acortamiento de la vida[63-65]. Nadie debe usar los suplementos hormonales que ahora se venden bajo la apariencia de medicamentos anti-edad, a menos de que sean recetados para usos médicos aprobados.

Restricción calórica

La observación generalizada de que la restricción calórica aumenta la longevidad se debe atenuar con el reconocimiento de que tiene un efecto progresivamente menor cuanto más tarde se comience en la vida[66], así como con la posibilidad de que los animales de control utilizados en estos estudios se alimenten más que los salvajes, predisponiéndose a una muerte prematura. Aunque la restricción calórica podría prolongar la longevidad de los humanos, dado que lo hace en muchas otras especies animales[67-69], no hay estudios en humanos que hayan demostrado su efectividad. Algunas personas se han sometido a dietas restringidas en calorías que, para ser efectivas, deben acercarse a niveles que la mayoría de las personas encontrarían intolerables. El hecho de que tan pocas personas hayan intentado la restricción calórica desde que se descubrió el fenómeno hace más de 60 años, sugiere que la mayoría prefiere calidad sobre cantidad de vida. Los mecanismos desconocidos implicados en la reducción del riesgo de enfermedad asociada con la restricción calórica son de gran interés[71] y merecen estudio adicional, porque podrían conducir a tratamientos con miméticos farmacológicos de restricción calórica que pudieran posponer simultáneamente todas las enfermedades relacionadas con la edad.

Determinación de la edad biológica

Los científicos creen que el daño aleatorio que se produce dentro de las células y entre las moléculas extracelulares es responsable de muchos cambios relacionados con la edad que se observan en los organismos.[72-74] Además, para los organismos que se reproducen sexualmente, incluidos los humanos, cada individuo es genéticamente único. Como tal, la tasa de envejecimiento también varía de un individuo a otro[75]. A pesar del estudio intensivo, los científicos no han podido descubrir medidas confiables de los procesos que contribuyen al envejecimiento.[76] Por estas razones, cualquier afirmación de que la edad biológica o la "edad real" de una persona puede medirse actualmente[77] por cualquier medio (mucho menos modificarse) debe considerarse entretenimiento, no ciencia.

¿Hay genes que gobiernan los procesos de envejecimiento?

No se requieren instrucciones genéticas para envejecer animales, al igual que las máquinas inanimadas no incluyen instrucciones sobre cómo envejecer en sus diseños[79-80]. El desorden molecular ocurre y se acumula dentro de las células y sus productos, porque la energía requerida por los procesos de mantenimiento y reparación para mantener la integridad funcional por un tiempo indefinido es innecesaria después del éxito reproductivo. La supervivencia más allá de los años reproductivos y, en algunos casos, criar a la progenie hasta su independencia, no son favorecidas por la evolución, porque los recursos limitados se emplean mejor en estrategias que incrementan el éxito reproductivo hasta la madurez sexual en lugar de la longevidad[81]. Aunque los genes ciertamente influyen en la determinación de la longevidad, los procesos de envejecimiento no están programados genéticamente. Los sistemas de ingeniería excesiva y las capacidades fisiológicas redundantes son esenciales para sobrevivir el tiempo suficiente para reproducirse en entornos invariablemente hostiles a la vida. Debido a que los seres humanos han aprendido a reducir las amenazas ambientales para la vida, la presencia de una capacidad fisiológica redundante permite que los animales domesticados que protegemos sobrevivan más allá de sus edades reproductivas. Los estudios en animales inferiores que han llevado pensar que los genes están involucrados en el envejecimiento han demostrado que se pueden lograr disminuciones experimentalmente significativas en las tasas de mortalidad y grandes aumentos en la vida media y máxima.[82-85] Sin embargo, sin excepción, estos genes nunca han producido una reversión o detención del aumento inexorable en la tasa de mortalidad que es un sello importante del envejecimiento. Los efectos aparentes de tales genes en el envejecimiento, por lo tanto, parecen ser consecuencias fortuitas de cambios en otras etapas de la vida, como el crecimiento y el desarrollo, más que modificaciones de los procesos subyacentes de envejecimiento. De hecho, los argumentos evolutivos presentados anteriormente sugieren que es poco probable que exista un proceso unitario de envejecimiento programado, y que tales estudios se deben interpretar con mayor precisión como efectos en la determinación de la longevidad, y no en los diversos procesos biológicos que contribuyen al envejecimiento. Desde esta perspectiva, la determinación de la longevidad está bajo control genético sólo de manera indirecta[86,87]. Por lo tanto, el envejecimiento es un producto del abandono evolutivo, no de la intención evolutiva[88-91].

¿Podemos volvernos más jóvenes?

Aunque es posible reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con el envejecimiento y enmascarar los signos del envejecimiento, no es posible que las personas se vuelvan más jóvenes. Esto requeriría revertir la degradación de la integridad molecular, que es una de las características del envejecimiento tanto en los objetos animados como en los inanimados. A menos que se pueda realizar la hazaña imposible de reemplazar todas las células, tejidos u órganos en material biológico para eludir los procesos de envejecimiento, hacerse más joven es un fenómeno imposible actualmente.

Ingeniería genética

Después de la publicación de las secuencias del genoma humano, se ha afirmado que este nuevo conocimiento revelará genes cuya manipulación podría permitirnos intervenir directamente en los procesos de envejecimiento. Aunque es probable que los avances en genética molecular pronto conduzcan a tratamientos efectivos para enfermedades hereditarias y relacionadas con la edad, es poco probable que los científicos puedan influir en el envejecimiento directamente a través de la ingeniería genética[92,93] porque, como se dijo anteriormente, no hay genes directamente responsables de los procesos de envejecimiento. Siglos de experiencia en la reproducción selectiva (de plantas y animales agrícolas, domesticados y experimentales) han revelado que las manipulaciones genéticas diseñadas para mejorar una o solo unas pocas características biológicas de un organismo con frecuencia tienen consecuencias adversas para la salud y el vigor. Como tal, existe un peligro muy real de que la mejora de los atributos biológicos asociados con la supervivencia prolongada en edades avanzadas comprometa las propiedades biológicas importantes para el crecimiento y el desarrollo en las etapas tempranas de la vida.

Reemplazo de partes del cuerpo

Se han sugerido que el reemplazo completo de todas las partes del cuerpo con componentes juveniles podría aumentar la longevidad. Aunque esto es posible en teoría, es altamente improbable que se convierta en una estrategia práctica para prolongar la duración de vida. Los avances en la clonación y la tecnología de células madre embrionarias pueden hacer posible el reemplazo de tejidos y órganos [94-99] y probablemente tendrán un impacto positivo importante en la salud pública en el futuro, mediante el tratamiento de enfermedades y trastornos relacionados con la edad. Pero reemplazar y reprogramar el cerebro que define quiénes somos como individuos es, en nuestra opinión, más un tema de ciencia ficción que de ciencia real.

Modificación de estilo de vida y envejecimiento

Los estilos de vida óptimos, incluidos el ejercicio y una dieta equilibrada, junto con otros métodos comprobados para mantener una buena salud, contribuyen a aumentar la esperanza de vida, al retrasar o prevenir la aparición de enfermedades relacionadas con la edad. Sin embargo, no hay evidencia científica que respalde la afirmación de que estas prácticas aumentan la longevidad al modificar los procesos de envejecimiento.

Observaciones finales

Desde el inicio de la historia documentada, los individuos han sido, y siguen siendo, víctimas de promesas de juventud extendida o de mayor longevidad mediante el uso de métodos no probados que supuestamente frenan, detienen o revierten el envejecimiento. Nuestro lenguaje en este tema debe ser claro: no hay cambios en el estilo de vida, procedimientos quirúrgicos, vitaminas, antioxidantes, hormonas o técnicas de ingeniería genética disponibles en la actualidad que hayan demostrado influir en los procesos del envejecimiento humano.[100-101] Recomendamos encarecidamente al público en general que evite comprar o utilizar productos u otras intervenciones de cualquier persona que afirme que retrasará, detendrá o revertirá el envejecimiento. Para que las personas, en promedio, vivan mucho más tiempo de lo que es posible en la actualidad, tendrán que agregarse décadas de vida a individuos que probablemente ya viven 70 años o más. Este "tiempo de supervivencia fabricado"[102] requerirá modificaciones en todos los procesos que contribuyen al envejecimiento, una hazaña tecnológica que, aunque teóricamente es posible, aún no se ha logrado.La ciencia médica puede decirnos que el envejecimiento y la muerte no están programados en nuestros genes, por lo que la salud y el estado físico pueden mejorarse a cualquier edad, principalmente evitando comportamientos (como fumar, el consumo excesivo de alcohol, la exposición excesiva al sol y la obesidad) que aceleran la expresión de enfermedades relacionadas con la edad, y adoptando comportamientos (como el ejercicio y una dieta saludable) que aprovechan una fisiología que es inherentemente modificable[103].

 Apoyamos con entusiasmo la investigación en ingeniería genética, células madre, medicina geriátrica y productos farmacéuticos terapéuticos, tecnologías que prometen revolucionar la medicina que conocemos. La mayoría de los biogerontólogos cree que nuestro conocimiento científico en rápida expansión encierra la promesa de que finalmente se podrán descubrir medios para reducir la tasa de envejecimiento. Si tienen éxito, es probable que estas intervenciones pospongan enfermedades y trastornos relacionados con la edad y extiendan el período de vida saludable. Si bien el grado al que tales intervenciones pudieran extender la duración de la vida es incierto, creemos que esta sería la única manera viable de lograr otro salto cuántico en la esperanza de vida. Nuestra preocupación es que cuando los defensores de la medicina anti-edad afirman que ya se ha descubierto la fuente de la juventud, afectan negativamente la credibilidad de los esfuerzos serios de investigación científica sobre el envejecimiento. Debido a que el envejecimiento es el mayor factor de riesgo para las principales causas de muerte y otras patologías relacionadas con la edad, se debe prestar más atención al estudio de estos procesos universales subyacentes. Los esfuerzos exitosos para reducir la tasa de envejecimiento traerían beneficios de salud dramáticos para la población, mismos que excederían con creces los cambios previstos en la salud y la duración de la vida como resultado de la eliminación completa de las enfermedades cardiacas, el cáncer, los derrames cerebrales y otras enfermedades y trastornos asociados con la edad.

Autores y endosantes

El Dr. Olshansky es investigador científico principal y profesor en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Illinois en Chicago. El Dr. Hayflick es profesor de anatomía en la Universidad de California en San Francisco. El Dr. Carnes es profesor asistente de medicina geriátrica en la Universidad de Oklahoma. Los Dres. Olshansky y Carnes también son coautores de The Quest for Immortality (Norton, 2001), un antídoto de extensión considerable contra las exageraciones anti-envejecimiento.

 La declaración de posición sobre el envejecimiento humano ha sido respaldada por Robert Arking, Allen Bailey, Andrzej Bartke, Vladislav V. Bezrukov, Jacob Brody, Robert N. Butler, Alvaro Macieira-Coelho, L. Stephen Coles, David Danon, Aubrey DNJ de Grey, Lloyd Demetrius, Astrid Fletcher, James F. Fries, David Gershon, Roger Gosden, Carol W. Greider, S. Mitchell Harman, David Harrison, Christopher Heward, Henry R. Hirsch, Robin Holliday, Thomas E. Johnson, Tom Kirkwood, Leo S. Luckinbill, George M. Martin, Alec A. Morley, Charles Nam, Sang Chul Park, Linda Partridge, Graham Pawelec, Thomas T. Perls, Suresh Rattan, Robert Ricklefs, Ladislas (Leslie) Robert, Richard G. Rogers, Henry Rothschild, Douglas L. Schmucker, Jerry W. Shay, Monika Skalicky, Len Smith, Raj Sohal, Richard L. Sprott, Andrus Viidik, Jan Vijg, Eugenia Wang, Andrew Weil, Georg Wick y Woodring Wright. Los Dres. Olshansky y Carnes recibieron fondos del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento para este trabajo. El documento de posición se publicó previamente en Scientific American Magazine y en Journal of Gerontology: Biological Sciences.

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This article was posted on August 27, 2004.


 

Por S. Jay Olshansky, Ph.D. , Leonard Hayflick, Ph.D. y Bruce A. Carnes, Ph.D.. revisado en  Agosto 27 , 2004 , publicado originalmente en Quackwatch;
Position Statement on Human Aging

Con autorización de Quackwatch

Modificado por última vez en Domingo, 18 Agosto 2019 00:52

Información adicional

  • Traducción: Elliot Payen, y Luis Fabián Fuentes Cortés
  • Edición / Revisión: Samantha McDermoth

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