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El campo minado de las hierbas

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Publicación  original en inglés por Stephen Barrett, Doctor en Medicina
Traducción por Samantha McDermott

Los estadounidenses gastan miles de millones de dólares al año en cápsulas, tabletas, hierbas a granel y tés herbales. Aunque muchos de estos artículos se consumen por su sabor, la mayoría probablemente se usan por sus supuestas propiedades medicinales. Distribuidores multiniveles y compañías farmacéuticas ofrecen productos que obviamente están destinados para la automedicación. Las hierbas también son comercializadas por naturópatas, acupunturistas, iridiólogos, quiroprácticos, nutriólogos heterodoxos y hierberos no autorizados, quienes las recetan para todo tipo de problemas de salud. Muchos de estos ‘facultativos’ no están calificados para hacer diagnósticos médicos apropiados ni para determinar cómo se comparan los productos que ellos prescriben con fármacos verificados.

A los defensores de las hierbas les gusta señalar que aproximadamente la mitad de las medicinas actuales se derivan de plantas. (El digital, por ejemplo, se derivó originalmente de las hojas de la dedalera.) Este dicho es cierto pero engañoso. Los fármacos contienen cantidades específicas de ingredientes activos. Las hierbas en su estado natural pueden variar mucho de un lote a otro y a menudo contienen químicos que causan efectos secundarios sin producir beneficios.

Cuando se descubren sustancias naturales potentes, las compañías farmacéuticas tratan de aislar y sintetizar la sustancia química activa para obtener un suministro confiable. También intentan hacer derivados que sean más potentes, más predecibles y que provoquen menos efectos secundarios. En el caso del digital, los derivados ofrecen un espectro de velocidad y duración de efectos. La hoja de la dedalera casi no se usa ahora, porque sus efectos son menos predecibles. Muchas hierbas contienen cientos o incluso miles de químicos que no se han catalogado por completo. Puede que algunos de estos químicos sean beneficiosos como agentes terapéuticos, pero otros podrían resultar tóxicos.

Incluso cuando un producto botánico contiene ingredientes que son potencialmente efectivos, su uso puede no ser práctico. Se ha demostrado que el ajo, por ejemplo, reduce el colesterol. Sin embargo las medicinas son más potentes para este fin, aparte de que el ajo tiene propiedades anticoagulantes. No hay datos disponibles que indiquen los riesgos de combinar el ajo con otros productos que se usan de forma extensa (vitamina E, ginkgo, aceite de pescado y aspirina) y que pueden interferir con la coagulación sanguínea.

Poca protección pública

En Estados Unidos, las hierbas destinadas a usos preventivos o curativos están reguladas como fármacos bajo la legislación federal. Para evadir la ley, estos productos se comercializan como ‘alimentos’ o ‘suplementos dietéticos’, sin que sus etiquetas hagan referencias médicas. Dado que estos productos no se regulan como los fármacos, no existen parámetros legales para procesarlos, cosecharlos o empacarlos. En muchos casos, particularmente en productos con ingredientes crudos caros, el contenido y la potencia no se declaran con precisión en las etiquetas. Muchos productos comercializados como hierbas no contienen ingredientes útiles y algunos incluso carecen de los ingredientes principales por los que la gente los compra. Algunos estudios han encontrado que los ingredientes y las dosis de diferentes productos varían considerablemente de una marca a otra.

  • Un análisis del Good Housekeeping Institute sobre la hierba de San Juan en seis cápsulas de suplementos y cuatro extractos líquidos (todos fáciles de adquirir) reveló falta de consistencia del ingrediente activo que se sospecha, hipericina y seudohipericina. El estudio encontró:
  • Una diferencia de 17 entre las cápsulas que contenían la cantidad más pequeña y las que contenían la mayor cantidad, con base en la dosis máxima recomendada por el fabricante.
  • Una diferencia de 13 en la seudohipericina en las cápsulas.
  • Un diferencial de entre 7 y 8 en los niveles del más alto al más bajo en los extractos líquidos.
  • Una investigación similar del Los Angeles Times encontró que 7 de cada 10 productos con hierba de San Juan contenían entre 75% y 135% del nivel de hipericina declarada en la etiqueta, y tres no contenían más que cerca de la mitad de la potencia declarada.
  • Investigadores de la Universidad de Arkansas que examinaron 20 productos suplementarios con efedra (ma huang) encontraron muchas diferencias en el  contenido de alcaloide de un producto a otro, y entre dos lotes del mismo producto. La mitad de los productos exhibían discrepancias de 20% más o menos entre lo declarado en la etiqueta y el contenido real, y un producto no contenía nada de alcaloides de efedra. Los productos de efedra son comercializados como ‘amplificadores de energía’ y/o suplementos dietéticos ‘termogénicos’, pese a que no existen pruebas clínicas publicadas que establezcan su seguridad ni su eficacia para dichos propósitos. Los investigadores también notaron que se comercializan cientos de productos por el estilo, excediendo en número a los productos convencionales de efedra que se venden con o sin receta y que están aprobados como descongestionantes por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés).
  • La edición de abril de 2000 de D Magazine reportó que (a petición suya) un laboratorio destacado examinó cinco marcas de DHEA (dehidroepiandrosterona), jengibre, ginkgo biloba, ginseng, melatonina, palma enana americana (saw palmetto) hierba de San Juan y cardo mariano comprados en cinco tiendas del área de Dallas. Los productos de jengibre y melatonina contenían las cantidades declaradas, pero éste no fue el caso en 10 de los otros 30 productos, y algunos contenían cápsulas que se deshacían fácilmente.
  • En octubre de 2003, el AMA Archives of International Medicine publicó los resultados de un estudio de productos a base de hierbas en 20 tiendas del área de Minneapolis. Las hierbas seleccionadas fueron equinácea, hierba de San Juan, ginkgo biloba, ajo, palma enana, ginseng, goldenseal (hidrastis, hydrastis canadensis), aloe, ginseng siberiano y valeriana. Los autores indicaron que 43% de 880 productos tenía etiquetas que declaraban ingredientes y dosis usados en estudios publicados con anterioridad. Los ingredientes reales no estaban medidos, pero el estudio indicó que muchos fabricantes no formulaban sus productos conforme a los datos de investigación disponibles.
  • En 2010 ConsumerLab me informó que cerca de la mitad de los productos a base de hierbas cuya calidad han examinado no pasó sus evaluaciones. Los motivos por de la no aprobación fueron: muy poca  o demasiada cantidad del ingrediente principal, ingredientes potencialmente peligrosos o ilegales, contaminación con metales pesados, adulteración con ingredientes inesperados e información incompleta o engañosa sobre el producto.
  • En 2013 investigadores canadienses usaron códigos de barras de ADN (un tipo de ‘huellas digitales’ genéticas) para examinar 44 productos de 12 compañías, y encontraron que 59% de los mismos incluían ingredientes no listados en la etiqueta, 30 de los 44 contenían ingredientes sustitutos y algunos contenían contaminantes que presentaban riesgos de salud para los usuarios.

Algunos fabricantes están tratando de desarrollar estándares para garantizar la calidad en toda la industria, pero las posibles soluciones están muy lejos.

La regulación es mínima

La Ley de Educación y Salud para los Suplementos Dietéticos de 1994 incluyó los productos a base de hierbas en su definición de ‘suplementos dietéticos’, pese a que las hierbas tienen poco o ningún valor nutritivo. La propuesta de ley fue encabezada por la industria de alimentos saludables con el fin de debilitar el control de la FDA sobre sus productos. Los ingredientes herbales u otros ingredientes botánicos incluyen partes de plantas procesadas o sin procesar (corteza, hojas, flores, frutos y tallos), lo mismo que extractos y aceites esenciales. Éstos se encuentran en forma de tés, polvos, tabletas, cápsulas y elíxires, y pueden comercializarse como sustancias individuales o combinadas con otras hierbas, vitaminas, minerales, aminoácidos o ingredientes no nutritivos. Los productos que contienen ingredientes herbales múltiples pueden producir efectos adversos que son imposibles de predecir. En 1999 un estudio de la revista Prevention descubrió que 12% de los usuarios de remedios a base de hierbas reportaba reacciones adversas.

La manufactura de medicamentos recetados y aquellos que se consiguen sin receta está estrechamente regulada por la FDA. Pero los remedios a base de hierbas no. Ni siquiera el hecho de saber que una hierba es tóxica garantiza que se retirará del mercado. Cuando la FDA concluye que una hierba es peligrosa, generalmente expide una advertencia más que una prohibición. Hace varios años el Centro de Seguridad de Alimentos y Nutrición Aplicada tenía una base de datos con los informes recibidos por la FDA sobre eventos adversos asociados con el uso de suplementos dietéticos y productos a base de hierbas. Sin embargo, la base de datos ya no se publica, porque la FDA no puede tener la certeza de que los problemas reportados hayan sido causados por los productos o si ocurrieron por otras razones.

Mucha información poco confiable

Para tomar una decisión racional sobre un producto a base de hierbas sería necesario saber lo que contiene, si es seguro y si se ha demostrado que es tan bueno o mejor que los productos farmacéuticos disponibles para el mismo propósito. En el caso de la mayoría de los ingredientes herbales esta información está incompleta o no disponible. Todavía peor, la mayor parte de la información publicada sobre las hierbas es poco confiable. El difunto Doctor en Filosofía Varro E. Tyler, ex decano de la Escuela de Farmacología de Purdue University, autoridad líder en farmacognosia (la parte de la farmacología que estudia la acción de los medicamentos naturales) observó:

Hoy en día está llegando al público más desinformación sobre la seguridad y eficacia de las hierbas que en ninguna otra época, incluyendo el periodo de apogeo de las medicinas de patente a finales del siglo [XIX]. La literatura que promueve hierbas incluye panfletos, artículos en revistas y libros que van desde folletines impresos a bajo costo hasta ejemplares cuidadosamente elaborados, encuadernados bellamente y con ilustraciones atractivas. Prácticamente todos estos textos recomiendan un gran número de hierbas para tratamientos con base en rumores, folclor y tradiciones. El único criterio que al parecer todas estas publicaciones evitan es la evidencia científica. Algunos escritos son tan exhaustivos e indiscriminados que parecen recomendar todo, para cualquier cosa. Incluso se ofrecen hierbas venenosas como remedios, con base en informes obsoletos o en una mala interpretación de los hechos. Especialmente insidioso es el mito de que hay algo casi mágico en las medicinas a base de hierbas que impide que, en su estado natural, dañen a la gente.

Dos de los libros de Tyler (El herbalista honesto y Hierbas de elección) resumen lo que se sabe de muchas hierbas de uso común, lo mismo que varias guías publicadas para profesionales. Sin embargo, no se sabe lo suficiente para tomar decisiones bien informadas sobre el uso de la mayoría de las sustancias. El Consejo Botánico de Estados Unidos, que comercializa muchas guías de hierbas basadas en la ciencia, incluye varios libros poco confiables en lo que por lo demás es un catálogo valioso. En 1996 le pedí al director ejecutivo del Consejo, Mark Blumenthal, que purgara el catálogo de libros que contienen consejos muy irresponsables o de curanderos. Cuando se negó le hice una petición similar a Tyler, quien era uno de los siete miembros de la junta de administración del Consejo. Mas los libros de los que me quejé permanecieron en el catálogo, y se le añadieron varios otros títulos dudosos.

Un estudio publicado en 2002 encontró que muchos sitios que se localizan al buscar ‘hierbas’ y ‘cura para el cáncer’ contenían afirmaciones ilegales. Mi recomendación a los consumidores es que ignoren los consejos de cualquiera que tenga un interés financiero en la venta de suplementos dietéticos, hierbas y productos homeopáticos.

Investigadores de Harvard han evaluado las promesas hechas en 443 sitios web localizados al buscar información sobre ocho suplementos herbales de uso generalizado (ginkgo biloba, hierba de San Juan, equinácea, jengibre, ajo, palma enana, kava kava y raíz de valeriana). Los investigadores concluyeron:

  • De 443 sitios, 338 (76%) eran sitios de venta comercial, ya sea que ofrezcan los productos ellos mismos o mediante enlaces directos a un vendedor.
  • 273 (81%) de los 338 sitios web comerciales hacían una o más promesas de salud, y 149 (44%) aseguraban tratar, prevenir, diagnosticar o  curar enfermedades específicas.
  • Más de la mitad (153/292; 52%) de los sitios que contenían promesas de salud omitían el descargo de responsabilidad federal estándar requerido legalmente.
  • Los sitios no comerciales tendían más a incluir referencias a la literatura, comparados con los sitios de venta, pero sólo 52 (12%) de los 443 sitios web ofrecían información con referencias que no fueran enlaces a distribuidores o vendedores.
  • Los consumidores pueden ser engañados por vendedores que afirman que los productos a base de hierbas pueden tratar, prevenir, diagnosticar o curar enfermedades específicas, pese a las regulaciones que prohíben tales declaraciones. Los médicos deben estar conscientes de lo generalizada y accesible que es este tipo de información.
  • Se requiere una regulación más eficaz para poner esta clase de productos terapéuticos al nivel de otros medicamentos que se basan en la evidencia.

La participación de las compañías farmacéuticas en el mercado de los productos a base de hierbas puede mejorar la estandarización de las dosis para unos pocos productos. Mientras tanto, es probable que el interés público y profesional en las hierbas estimule la investigación. Sin embargo, si se tienen medicinas seguras y efectivas, el tratamiento con hierbas rara vez tiene sentido, y en muchas de las condiciones para las que se recomiendan las hierbas no está indicado el auto-tratamiento.

Fuentes de información confiables

  • La Base de Datos Integral de la Medicina Natural está disponible en línea y en versión impresa por $92 (USD) al año, o $151 por las dos versiones. La versión en línea se actualiza a diario, mientras que la impresa se actualiza varias veces al año. Una reseña indicó que la edición de 1999 cubría 964 hierbas y suplementos dietéticos, de los cuales solamente el 15% se reconocía como seguro, y sólo el 11% había resultado eficaz en los casos para los que se utiliza. En 2005 Harriet Hall, Doctora en Medicina, encontró que solamente cerca del 5% de las sustancias enumeradas tenían categoría de efectivas y la mayoría de éstas eran vitaminas, minerales o sustancias que también son ingredientes de fármacos estándar. La edición actual cubre cerca de 1,100.
  • AboutHerbs (Sobre las Hierbas): una base de datos del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center (MSKCC) con más de 300 registros sobre hierbas, suplementos dietéticos y tratamientos de cáncer ‘alternativos’. Cada artículo incluye detalles sobre los elementos constituyentes, efectos adversos, interacciones y beneficios o problemas potenciales. Existe una versión ‘profesional’ y una para consumidores, pero la mayor parte de la información profesional es de fácil comprensión para las personas sin conocimientos especializados. Los artículos tienen menos información que sus contrapartes en la Base de Datos Integral de la Medicina Natural, pero están muy bien investigados y escritos.
  • Medicinas herbales (3a. edición) contiene 152 monografías de hierbas.
  • ConsumerLab.com examina productos, incluyendo pruebas de laboratorio de los ingredientes.

Reseñas de libros para evitar

Modificado por última vez en Martes, 18 Septiembre 2018 17:03

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