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Carta Abierta a Humberto Musacchio Destacado

Carta Abierta a Humberto Musacchio sobre el artículo publicado el 30 de julio en la sección “La República de las letras” de Excélsior, titulado “Cofepris vs. dióxido de cloro”, 2 agosto 2020

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Carta Abierta a Humberto Musacchio
2 agosto 2020

 

Hemos leído con preocupación su artículo publicado el 30 de julio en la sección “La República de las letras” de Excélsior, titulado “Cofepris vs. dióxido de cloro”.[1]

En este artículo, usted acusa sin evidencia a la COFEPRIS de posicionarse, sin bases científicas, contra esta sustancia, además de que también usted promueve varias teorías de la conspiración para respaldar el uso pseudocientífico de esta sustancia química un desinfectante, como cura mágica para diversos padecimientos.

Si bien su carrera literaria le ha dado herramientas para expresar ideas y sentimientos a través de sus escritos, pensamos que ésta no necesariamente le aporta bases para informar sobre los temas que toca, pues claramente están fuera de su ámbito de conocimiento. Si usted se hubiera tomado la molestia de revisar los estudios científicos al respecto, realizados desde 2006, cuando un negociante empezó a vender esta sustancia con afirmaciones falsas, habría visto fácilmente que sus opiniones son incorrectas y sin fundamento.

El dióxido de cloro se ha promovido como cura para muchas enfermedades, desde la malaria hasta el cáncer, la tuberculosis, la diabetes, y condiciones como el trastorno del espectro autista, y ahora la COVID-19. o solo no existe evidencia alguna que respalde las afirmaciones de los promotores de la sustancia en cuestión, sino que hay reportes de daños e intoxicaciones producidas por su uso..[2] Esto sin contar el hecho alarmante de que los vendedores del dióxido de cloro han falseado informes de la Cruz Roja Internacional y además se presentan ellos mismos como científicos con títulos expedidos por universidades fraudulentas.

El dióxido de cloro está clasificado como un biocida no específico, es decir, es una sustancia que ataca sin distinción a microorganismos y células de tejidos humanos.[3],[4] Por ello, solo se recomienda como antiséptico externo. La dosis hace el veneno, y si bien en cantidades pequeñas puede usarse para la potabilización del agua,[5] ello no constituye una indicación de su eficacia terapéutica ni de su seguridad a niveles más altos.

Lejos de mentir, la COFEPRIS hace las aclaraciones correctas sobre el daño que puede producir el dióxido de cloro, al igual que lo aclaran otras agencias reguladoras del mundo, como la FDA.[6]

Mienten aquellos que afirman que hay médicos responsables que han aplicado dióxido de cloro a sus pacientes de manera exitosa en otros países. Hasta la fecha no existe una sola evidencia médica ni científica que respalde su uso terapéutico. Cierto es que hay médicos que pueden recomendarlo a contracorriente de los conocimientos científicos, pero esto tampoco es una validación adecuada, pues depende de opiniones y anécdotas no contrastadas científicamente.

La ciencia se basa en evidencia empírica estadísticamente significativa, no en interpretaciones caprichosas del empirismo. Validar científicamente un tratamiento requiere estudios con números significativos de sujetos y un diseño experimental que elimine el efecto placebo, siguiendo las cuatro fases de todo estudio clínico que se exigen para autorizar cualquier medicamento. Para evaluar científicamente el beneficio real de un tratamiento no bastan elementos como  “a mí me funcionó”, “lo tomó mi vecino y se curó”, “un médico me lo recomendó”, o “vi un testimonio en YouTube”.

Así, la restricción del uso de dióxido de cloro como tratamiento no es producto de una conspiración de las “malvadas farmacéuticas” para detener su uso, sino de un proceso científico que ha demostrado, con una rigurosa metodología, sus peligros para la salud y la ausencia de beneficios terapéuticos.

A pesar de esto, los promotores del dióxido de cloro siguen repitiendo las afirmaciones de Jim Humble, líder de la Iglesia Génesis II, uno de cuyos obispos, Andreas Kalcker, se acredita con un título falso,[7] y quien además ha sido acusado de promover la venta de artículos no aprobados como parte de un gran negocio. Son los vendedores de dióxido de cloro y no las farmacéuticas quienes ganan con la promoción de este falso remedio. Y es el público quien pierde al confiar, por encantamiento, en una sustancia con tan pocas evidencias a favor de su uso médico.

Ha permeado tanto en la sociedad todas las falsas propiedades del dióxido de cloro y es tanta la necesidad de la sociedad por una cura definitiva para el Covid-19, que Andrea Kalcker y su grupo ya no representa el único problema, ya que ahora circulan tutoriales para preparar el dióxido de cloro de manera casera, con el riesgo de intoxicación implícito, pues debido a la impericia una persona sin entrenamiento podría estar ingiriendo dosis más altas de este producto acercándose peligrosamente a las dosis tóxicas

El rechazo al uso de esta sustancia en el tratamiento de la COVID-19 está basado en que conocemos el funcionamiento del dióxido de cloro como biocida.[8] Es un potente oxidante que ataca las paredes celulares, reduce las proteínas y bloquea la acción de las enzimas de aquí que ningún organismo vivo tiene protección contra él. Las concentraciones de este producto necesarias para destruir un virus, son cuatro veces más altas que las necesarias para dañar una célula viva.[9]

No existe un ataque sistemático contra las medicinas baratas. Lo que existe es una exigencia de que su efecto se respalde con evidencia. Tenemos el ejemplo de las medicinas genéricas aprobadas por la COFEPRIS. México tiene medicinas a precios competitivos, por lo que existe un turismo médico proveniente de Estados Unidos en busca de medicamentos a precios accesibles. De ser cierto que existiera un acuerdo con las trasnacionales, éstos estarían bloqueados.

Contra lo que usted afirma, no existe ningún estudio que avale la eficacia del
escozul, si bien hay estudios sobre esa toxina que muestran que superó pruebas in vitro,[10] los estudios clínicos que puedan avalar su uso no están concluidos.[11] Cada año se descubren cientos de preparados que, in vitro, pueden atacar el cáncer, pero que se desechan al no pasar las pruebas necesarias en las posteriores etapas de estudios clínicos.El que ya se le esté ofreciendo esta sustancia a pacientes sin haber demostrado eficacia ni seguridad es una irresponsabilidad que debería alarmarnos. No hay ningún complot en contra: ni la OMS, ni alguna otra agencia regulatoria se ha puesto de acuerdo para detenerlo. Simplemente, no se puede promover un medicamento que aún no está comprobado.

Por supuesto que
tampoco se aprobarán como tratamiento las presuntas gotas de nanomoléculas de cítricos si no hay evidencia, la cual es poco probable que aparezca: recordemos que la palabra “nanomoléculas” suele ser sólo un bonito truco publicitario y en este caso el producto mencionado solamente está registrado como “complemento alimenticio”.[12]

Resumiendo, el rechazo a las llamadas “medicinas alternativas” se debe simplemente a que no se ha demostrado que funcionen y, por el contrario, sabemos que son un lucrativo negocio. Como referencia, tan sólo en Estados Unidos la medicina alternativa es un mercado de más de 290 mil millones de dólares.[13] La industria farmacéutica también es un gran negocio, pero está sujeta a estrictas normas de control para asegurarnos de que funcione, por lo que siempre está sujeta a supervisión. Si con todos los controles y exigencias a veces llegan a comercializarse medicamentos que no tienen el resultado deseado, ¿qué podemos esperar de sustancias comercializadas sin ningún control ni evidencias?

No sobra reiterar lo ya mencionado arriba: l
a ciencia médica está basada en la evidencia empírica verificada bajo normas estrictas, y para la medicina alternativa hay poca o nula evidencia. Porque cuando una práctica “alternativa” se demuestra efectiva, se le llama simplemente medicina.

Queremos invitarlo a usted, como persona con influencia en el terreno intelectual, a que se acerque a los científicos, a la gente de COFEPRIS que intenta detener el avance de la pseudociencia, a conocer el trabajo de la OMS y las investigaciones en las que basa sus recomendaciones, así como a conocer la forma en que se realizan los estudios de un medicamento, por qué son tan importantes los procedimientos para su aprobación y lo grave que puede ser usar y promover terapias que no han pasado por ningún proceso de verificación.

Atentamente,

Javier Delgado Rosas

Editor, Verificiencia 
Web: https://verificiencia.com/ 
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T
witter: @V_rificiencia


 Referencias

[1] “Cofepris vs. dióxido de cloro”, Excelsior, 30 de Julio de 2020.

[2]U.S. Food and Drug Administration, “Warning Letter: Genesis 2 Church - 606459 - 04/08/2020”.

[3]J. P. Bercz, L. Jones, L. Garner, D. Murray, D. A. Ludwig, y J. Boston, Subchronic toxicity of chlorine dioxide and related compounds in drinking water in the nonhuman primate”, Environmental Health Perspectives,46, pp. 47-55, 1982,

[4] Agency for Toxic Substances and Disease Registry, “Toxicological Profile For Chlorine Dioxide And Chlorite, 2004.

[5] Agency for Toxic Substances and Disease Registry, “Public Health Statement for Chlorine Dioxide and Chlorite, 2004.

[7] Andreas Kalcker: ¿Doctor en Biofísica?, en sitio Acerca del MMS.

[8] Xavier Giménez Font, “¿Por qué el MMS no puede curar la COVID–19?”, Investigación y Ciencia, 9 de abril de 2020.

[9] Jui-Wen Ma, et al. “Efficacy and Safety Evaluation of a Chlorine Dioxide Solution, International Journal of Environmental Research and Public Health, 14, p. 329, 2017.

[10] Alexis Díaz-García, Jenny Laura Ruiz-Fuentes, Hermis Rodríguez-Sánchez, y José A Fraga Castro, “Rhopalurus junceus scorpion venom induces apoptosis in the triple negative human breast cancer cell line MDA-MB-231, Journal of Venom Research, 8, pp. 9–13, 2017.

[11] A. Ghosh, R. Roy, M. Nandi, y A. Mukhopadhyay, “Scorpion Venom–Toxins that Aid in Drug Development: A Review, International Journal of Peptide Research and Therapeutics, 25, pp. 27–37, 2019.

 

 


 

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  • Dr. Juan Manuel Zaldívar Cruz. Colegio de Postgraduado
El señor Humberto Musacchio ha contestado desde su columna en el diario Excelsiór. Colocamos el link a continuación.

La República de las letras por  Humberto Musacchio

¿La muerte tiene permiso?

El señor Delgado Rosas me acusa de promover “varias teorías de la conspiración para respaldar el uso pseudocientífico de esta sustancia química —un desinfectante— como cura mágica para diversos padecimientos”. Para empezar, rechazo que pueda yo emplear teoría alguna para respaldar el uso del dióxido de cloro.

FE DE ERRATAS: Parrafo 12: Donde dice “Es un potente oxidante que ataca las paredes celulares, reduce las proteínas “ debe decir “Es un potente oxidante que ataca las paredes celulares, oxida las proteínas”.
El dioxido de cloro no reduce proteínas, las OXIDA sobre todo a nivel de residuos de cisteina para formar enlaces disulfuro. En particular oxida al glutatión, un tripéptido importante en los procesos redox, remoción de radicales libres y en el metabolismo de fase II de xenobióticos electrofílicos. El ClO2 tambien oxida al Fe2+ de la hemoglobina convirtiéndola a metahamoglobina, que ya no puede coordinar al oxigeno y por lo tanto la saturación en sangre disminuye.

Modificado por última vez en Jueves, 06 Agosto 2020 22:28

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